“Romancero gitano”: Esencia Lorquiana

 In Críticas

Entradas agotadas hace días para disfrutar de Nuria Espert y su “Romancero gitano” dirigido por Lluís Pasqual. Era la única propuesta “peninsular” de esta edición especial de la Muestra Iberoamericana (MEI) que finaliza el próximo 30 de septiembre en el Teatro El Sauzal.

En 60 minutos la actriz desgrana la esencia lorquiana utilizando como referencia, la conferencia que dio García Lorca en 1935 con introducción y comentarios al “Romancero gitano”. Se intercalan poemas con vivencias de la propia Espert creando un ambiente íntimo con el espectador. La sensación es como si estuviéramos en el salón de su casa. El amor que profesa la actriz y el director al poeta granadino es constante en cada segundo del montaje, en cada paso, en cada gesto. Pasión, tragedia, frustración y muerte, elementos inherentes al poeta, que Nuria va modulando con su voz y atraviesan el alma del espectador sobre todo en momentos álgidos como el “Romance sonámbulo” o  el “Romance de la pena negra”. Maestría absoluta en ese recorrido por los retratos (casi orgánicos) de las mujeres solas que ha interpretado la actriz a lo largo de su carrera: “Yerma”, “Doña Rosita”, “Bernarda” y “Mariana Pineda”. Pelos como alfileres porque a mi cabeza asoman recuerdos de esa Bernarda que junto a una Poncia, interpretada magistralmente por Rosa María Sardá, convirtieron la escena en un intenso duelo de feroces actrices.

Pasqual ha dejado en soledad a la actriz en la escena. Un montaje desnudo, únicamente con siete butacas de la platea en las que Nuria se sienta, se apoya siempre con un ritmo pausado, que junto a la iluminación de Pascal Merat acentúa una atmósfera que roza lo etéreo. Todo concluye en la palabra como centro del acontecer teatral. Unas palabras que no tienen lugar a la improvisación donde junto a la gestualidad, y sobre todo la voz fluctuando al compás de los sentimientos lorquianos, centran la maestría de una de las grandes de la historia del teatro español.

El viaje finaliza con el “Grito hacia Roma” de “Poeta en Nueva York”, un rugido contra la barbarie donde Lorca pone voz a los sometidos, haciendo que vuelva a cobrar un estremecedor sentido y ratificando así, la vigencia de sus textos.

La Espert se despide muy emocionada con un público entregado, puesto que ha sido su primera función después de haberse declarado la emergencia sanitaria. Un reencuentro con el público convertido de cerca en un acto litúrgico, donde abandonamos la sala bendecidos por tres maestros, o sea una trinidad: Lorca/Pasqual/Espert.

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