La razón de ser “kamikaze”

 In Artículos

Mientras se estrena en Madrid “Antígona“, dentro del proyecto “Teatro de la Ciudad“, al que quiero dedicar otro artículo, dado que es un proyecto de investigación creativa de lo más interesante, vienen a mi cabeza “flashes” de las distintas obras que ha dirigido Miguel del Arco.

Hace ahora 5 años, en un viaje a Madrid, sentía la obligación de ver “La función por hacer“. Una obra pequeña, basada (de forma muy libre, pero sin perder el norte) en “Siete personajes en busca de autor” de Pirandello. De ella se hablaba en todos lados; pero sigilosamente, sin grandes artificios publicitarios. El “boca a boca” o el “boca oreja”, hicieron que en unos meses, conseguir entradas para la función fuera toda una odisea, obligando a la compañía a ampliar funciones en la Sala Pequeña del Teatro Español.

Con entrada en mano, me dirigí al Español, y desde un principio, llamaba la atención, la ausencia de escenografía (un banco y un caballete con un cuadro) y la disposición del público, sentado en gradas rodeando la sala (entre ellos Paco León y delante de mí, Nuria Espert, preludio de lo que sería su trabajo en “La violación de Lucrecia“). Intuía que sería una gran noche (“momento Raphael”)…y así lo fue. Pocas veces, he salido de un teatro con los ojos llorosos y con la incapacidad de asimilar lo que había vivido, en ese momento. Pura magia. A parte de que Miguel del Arco había conseguido adaptar un Pirandello de lo más contemporáneo, el equipo artístico había sido tocado por la divina providencia. La solidez de las interpretaciones se respiraba a centímetros de los espectadores (hasta alguna gota de sudor te podía tocar), creando una atmósfera tan cercana al espectador, que lo hacía formar parte de la obra, quedando el significado de la palabra indiferencia totalmente fuera de lugar. Lo que ocurrió aquella noche, esta claro que no fue fruto de la casualidad, sino del trabajo de un pequeño equipo que se hizo grande. Empezaba mi adicción “kamikaziana”.

El sindrome de abstinencia se vuelve insoportable y en 2011 me acerco a uno de mis santuarios favoritos, el Teatro de la Abadía, a disfrutar de “Veraneantes“. Una de las claves, es que repetía el equipo artístico de “La función por hacer” (Barbara Lennie, Israel Elejalde, Raul Prieto, Miriam Montilla, Manuela Paso y Cristóbal Suárez) a los que se unen Ernesto Arias, Miguel Fernández, Elisabet Gelabert, Lidia Otón y Chema Muñóz. Y vuelve a pasar; salgo en una nube y confirmo que la compañía al completo, está en estado de gracia, a pesar de que el montaje sea algo más complejo (utilizando el público, como espectador directo, rodeando la escena de nuevo) con más personajes que exteriorizan la complejidad del alma humana. Todo funciona como un reloj, haciendo que entres en una montaña rusa de emociones, desde un comienzo lleno de adrenalina (incluyendo baile y canción de verano) hasta un final, que nos plantea lo que somos en un sistema político y social enfermo, donde te comprometes, o quedas fuera.

Al año siguiente, volví a disfrutar de esta adaptación de Gorki, siempre vigente, mires por donde la mires, en el Teatro Leal, pero aquí la falta de público, hizo que saliera feliz y con cierto sabor agridulce, porque la obra se merecía mejor recibimiento en el coliseo lagunero. Hecho que no ocurrió con “Juicio a una zorra”, monólogo llevado con inusitada maestría por Carmen Machi y que lleno todas las funciones que hizo en Canarias (comprobado en primera línea, ya que tuve el privilegio de estar en la producción de parte de esa gira). Recuerdo que la Machi decía, que este era un regalo que le había hecho Miguel y que ella sabía que en algún momento de su carrera teatral volvería a meterse en la piel de Helena de Troya, a pesar del éxtasis exhausto al que le llevaba el personaje. La embriaguez catártica se respiraba en las funciones, tanto era así, que parte del público se creía que la Machi bebía vino durante la función…no no señores…ni Rioja, ni Ribera del Duero…pura fachada…agua con colorante. Pero el viaje era tan alucinante que el respetable así lo creía. Desde luego este monólogo dio a conocer a la Machi en mayúsculas, borrando la estela que tenía de su personaje televisivo (conmigo ya lo había hecho con “La tortuga de Darwin”).

Finalmente, el año pasado se estrena “Misántropo” en el Teatro Español, con el equipo origen de “La función por hacer” junto a José Luis Martínez y desde hace unos meses, Ángela Cremonte (que sustituye a Barbara Lennie en el papel de Celimena). La obra de Moliére que adapta Miguel del Arco vuelve a ser un viaje sobre la condición humana, todo lo que da sentido al ser humano se debate en casi dos horas de función. Pero aquí, los “kamikazes” arriesgan, la escenografía y  las imágenes de vídeo se convierten en personajes, manteniendo además un nivel actoral enorme (al que terriblemente ya nos tienen acostumbrados). Como comenté a la salida, en un “twitt” y compartí con Aitor Tejada (productor de la compañía junto a Miguel del Arco): “Misántropo” te entra en el corazón para quedarse en tu cerebro para siempre. Arte enorme en escena.

Con enormes ganas estoy de una nueva dosis, y si es de “Antígona” de Sófocles mejor, así saciaré mi hambre “kamikaze”.

Recommended Posts

Dejar un comentario

Start typing and press Enter to search