“Tebas Land” el juego entre la realidad y la ficción

 In Críticas

El domingo pasado nos sumergimos en otra interesantísima propuesta dentro del Festival Telón. Se representaba en el Teatro Leal un gran éxito del teatro latinoamericano de los últimos años, visto en Londres o en Tokio además de toda America Latina. “Tebas Land” escrita por el uruguayo Sergio Blanco basada en el mito de Edipo (y Freud, Dovstoieski…) nos traslada a la cárcel donde se encuentra Martín Santos, un joven que ha cometido parricidio. Desde ese punto de partida en la que se podría mostrar el retrato psicológico del asesino, Blanco juega casi entre la realidad y la ficción centrándose en la creación de una obra de teatro a partir de los encuentros con Martín. Un autor teatral se encargará de realizar visitas periódicas al preso para ir creando a su vez el montaje escénico, con lo que el espectador es testigo de esos encuentros, del hecho creativo con el actor que interpretará al preso y de la experiencia del propio dramaturgo con el público. Lo que fascina de “Tebas Land” es que nos descubre que la realidad puede cambiar la ficción e incluso como el hecho creativo puede cambiar a su vez esa realidad.

Dirigida por Natalia Menéndez con gran fluidez, ya que se va desarrollando a un ritmo intenso que es perfecto para el montaje, consigue dominar el texto y la escena que preside esa gran jaula donde ocurre todo, excepto cuando el dramaturgo se dirige al público (el contacto con el exterior). Esta escenografía de Alfonso Barajas unida a una mesa, un banco y una canasta se complementa con una iluminación de Juan Gómez Cornejo que se mueve entre el blanco y el amarillo para marcar las escenas más inquietantes. El video a cargo de Álvaro Luna y Bruno Paena es otro elemento relevante que pone en el punto de mira a los dos protagonistas de forma continua, además de ofrecer información adicional al espectador, convirtiendo la acción teatral en una especie de “docuficción” verdaderamente intrigante.

Por otro lado, los actores se encargan de sostener un texto con claras referencias a Sófocles, Dovstoieski, incluso Passolini con un excelente resultado tanto por parte de Pablo Gómez-Pando, el dramaturgo entusiasta que debe enfrentarse a ciertas adversidades “morales”, como de Victor Sevilla que interpreta a Martín y Fede, el actor que hará de Martín en el montaje escénico, o sea parricida y actor, una tesitura que de manera extraordinaria no confunde al espectador porque Victor ha sabido dibujar muy bien las fronteras de cada personaje llevando con buen pulso a cada uno, a pesar de su antagonismo.

Estamos ante un juego teatral, que desde un argumento escabroso, desarrolla una maquinaria escénica llena de ritmo, donde el parricidio es sólo el trasfondo de un análisis de identidad de los personajes que conecta con el espectador irremediablemente. Otro montaje para el recuerdo.

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