“7 años” y poner precio a las relaciones humanas

 In Críticas

No han hecho falta “7 años” para que en Tenerife pudiéramos disfrutar de dos trabajos del director Daniel Veronese, sólo han hecho falta 7 días. El primero fue “El nombre” en el Teatro El Sauzal a cargo de la compañía sevillana Gloria López Producciones y una semana después “7 años” en el Teatro Leal de La Laguna, que parece nos prepara interesantes producciones en los próximos meses.

La obra que hoy nos atañe, como muchos saben, es una adaptación de la primera película que Netflix produjo en España y sin duda era carne de teatro, fue lo primero que se me pasó por la cabeza cuando la vi. Cuatro amigos que tiempo atrás decidieron crear una empresa de nuevas tecnologías van a pasar la que será la noche más complicada de sus vidas. El fisco huele a “chanchullo” y parece que en unos días (o quizás ese mismo fin de semana) se va a personar en la empresa, junto a la policía. Ante esta situación, su abogada les recomienda que uno de los cuatro se auto inculpe y que asuma 7 años en la cárcel para salvar a la empresa. Para ello envía a un mediador que les ayudará a tomar esta decisión “inextremis”. Este, a primera vista sencillo argumento de José Cabeza, es un caramelo en las manos de Veronese, que vuelve a demostrar su maestría en los conflictos personales. Desde unos arquetipos muy definidos, Veronese va desarmando a cada uno de los cuatro amigos, aflorando sus miserias que se agudizan cuando el mediador (Miguel Rellán ofreciendo templanza con mucha inteligencia) va “jugando” con ellos, a través de unas pruebas muy peculiares. Los valores humanos, tan esenciales, como la amistad, la fidelidad, la confianza, la sinceridad e incluso la familia se entretejen con el valor del dinero (el todo es susceptible de compra), el quítate tú para ponerme yo y la crueldad más descarnada. Todo en un sutil equilibrio entre humor negro y drama con tintes de maldad e incluso violencia.

Ese equilibrio en el texto también aflora en unas relevantes interpretaciones, desde el veterano Miguel Rellán a Eloy Azorín, que escenifica un personaje aparentemente más débil pero que es eso, una apariencia con la que al actor juega en todo momento. Juan Carlos Vellido, como director de la empresa aparenta firmeza pero juega muy bien a las medias verdades, y Carmen Ruíz, supo ofrecernos una mujer hecha a sí misma pero con sus flaquezas (fluctuando entre el cinismo y el drama), pese a la afección de garganta que tenía encima, sin duda un esfuerzo digno de elogio. Finalmente Daniel Pérez Prada encarnaba el personaje más desagradable y a la vez más hábil, el que usa bien sus armas, para eso es el relaciones públicas, con momentos intensamente brillantes que disparaban la atención en el patio de butacas.

Quizás puntualizar que la escenografía del “loft” no permitía, en esta ocasión, gran movilidad a los actores, no sé si por las propias dimensiones de la platea. En conclusión, “7 años” si no fuéramos justos estaría en ese cajón de teatro comercial para el entretenimiento del espectador que necesita evadirse (creo que desde luego a veces es necesario por salud), pero como vamos a ser justos, es teatro comercial sí, porque no, pero de calidad, de altura, con un engranaje muy bien trabajado sostenido en un texto admirable, sobre todo en la psicología de los personajes y en un elenco realmente notable.

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