“Arizona” y la sinrazón fronteriza
El pasado fin de semana la Muestra Escénica Iberoamericana (MEI) estrenaba el nuevo montaje de la compañía canaria Delirium Teatro. El Sauzal se llenaba de los habituales y no tan habituales aficionados al teatro, para ver lo que nos ofrecía una de las compañías más veteranas del panorama canario.
“Arizona” del dramaturgo (y director) cordobés Juan Carlos Rubio nos adentra en la vida fronteriza de George y Margaret. Un matrimonio que defiende sus “fronteras” con demasiada vehemencia, más bien diríamos obsesión (más él que ella) porque el “enemigo” está ahí, acechando, un peligro que amenaza sus vidas. El interesante texto de Rubio indaga en la inmigración, el fanatismo y el miedo al otro a través del imaginario fronterizo. La frontera como esa línea que lleva a la exclusión, a la exclusión moral, religiosa, política, cultural, económica, etc. convirtiendo la diferencia en un arma de conflicto terrible. Aunque la acción transcurre en EEUU esta claro que es algo que nos incube a todos, el tránsito de personas entre fronteras también ocurre en España y por supuesto Canarias. La obra invita al espectador a reflexionar sobre esta cuestión: la necesidad de las fronteras, las diferencias entre norte y sur, el poder del imperio americano, la moralidad…pero también el de las relaciones humanas.
La pareja protagonista esconde a una esposa abnegada y a un esposo dominante, diría repulsivo más que retratado en una relación sexual que provocará un punto de inflexión en la obra. Margaret, en la piel de una notable Soraya González del Rosario, es el personaje que nos cautiva porque es el que pregunta, el que reflexiona, y a medida que hace más preguntas, más nos abre los ojos a la terrible realidad, y nos conduce a ese final sin remedio porque donde el fanatismo echa raíces (como ese cactus que ella alimenta) la esperanza se ahoga.
El montaje se sostiene en unas imponentes imágenes de video que a veces restan el alcance del texto, y la premisa de una imagen vale más que mil palabras queda latente viendo a “inmigrantes” saltar las trincheras en Melilla junto a los poderes económicos que nos gobiernan, y por supuesto las consecuencias en las que deriva el maltrato que estamos ejerciendo sobre nuestro planeta. La escena se completa con una mesa y unas sillas de picnic junto a una bolsa de palos de golf que también guarda el rifle que les defiende de los temores que les aguardan. La dirección de Severiano García (que también interpreta a George) destaca por ser equilibrada y por ofrecer al personaje de Margaret un empuje que hace que crezca cada minuto de la obra.
Finalmente, la composición musical que ha realizado Diego Navarro para la obra es sobresaliente, con un comienzo arrollador y ofreciendo un contrapunto dramático que acompaña al espectador en los momentos más intensos (sobre todo en el video montaje).
Lo atractivo de “Arizona” es que por desgracia es teatro necesario, volvemos al teatro para la reflexión del ser humano, de ese que nos alimentamos porque nos golpea con la realidad para que no miremos a otro lado, y nos haga más tolerantes y así, las fronteras se desvanezcan.

