¿Existe la justicia?
Sin duda, lo primero que nos llama la atención de “El Jurado“, obra escrita por Luis Felipe Blasco Vilches, es el tremendo reparto actoral, que aparece entre la penumbra, cada noche en la sala Fernando Arrabal del Matadero en Madrid. Pero “Avanti Teatro” nos ofrece mucho más.
Sumergidos en el teatro social, Avanti nos ofrece una disección de la sociedad española actual, a través de un caso de corrupción municipal (revolotea Gürtel) donde las comisiones por adjudicación de obras públicas es el pan nuestro de cada día en la prensa española, ¿les suena?. Blasco Vilches se inspira en la magnífica “Doce hombres sin piedad” de Reginald Rose pero si tiene algo de esa obra es el veredicto inicial (“culpable”) y la apariencia de “thriller”, el resto poco tiene que ver y ahí es donde está el riesgo de “El Jurado”. Los nueve miembros del jurado son personas con las que nos podemos ver perfectamente identificados: Una señora de la limpieza con su hijo en paro (Isabel Ordaz), una trabajadora social de una ONG (Luz Veldenebro), el tipo sereno y cabal (Eduardo Velasco), el futbolero provocador (Canco Rodríguez), el profesor (Pepón Nieto), el empresario pijo (Victor Clavijo), la doctora en Química (Cuca Escribano), el prejubilado hipotecado (Josean Bengoetxea) y la inmigrante integrada pero poco habladora (Usun Yoon).
El veredicto sobre la culpabilidad o no del político se complica a medida que uno de los miembros de este jurado (El profesor) siembra dudas en el resto de compañeros…empezando por la fragilidad de las pruebas y alguna que otra sorpresa que no voy a desvelar. El profesor, muy bien interpretado por Pepón Nieto, se convierte en el hilo conductor de la obra, aunque en principio no lo parecía, ni siquiera es el portavoz de “El Jurado”. El resto del elenco está a la altura, muy equilibrado, con momentos álgidos de Isabel Ordaz, Victor Clavijo y Canco Rodríguez que rompen con el tono de la obra y hacen que sea muy ágil y entretenida. A medida que avanza la obra, iremos descubriendo que en el fondo somos más débiles de lo que ofrecemos de cara a la galería y que cuando está en juego nuestros intereses, somos una simple (y débil) moneda de cambio, reflejado en una frase lapidaria: “No hay libertad cuando dependes de los demás”.
La dirección de Andrés Lima se ha basado en el trabajo actoral, ayudado por elementos muy sencillos, en la puesta en escena, pero totalmente efectivos: Una mesa que gira (ofreciendo si cabe más “agilidad” a la obra), la luz (las luces y sombras, la verdad y la mentira, lo claro y lo oculto) y el humo (que no te deja ver).
En definitiva una obra notable que invita a la reflexión, al debate y a preguntarnos si en realidad existe la justicia como tal.
