“Sócrates” y Pou

 In Críticas

Sin duda, “Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano” era una de las obras más esperadas por los aficionados, este año, en el Teatro Guimerá. Muchas razones habían, pero la principal era que uno de los grandes de la escena española, Jose María Pou, no se subía a las tablas de un teatro en Tenerife desde hacía 22 años y el público respondió llenando las dos funciones programadas.

Tras una breve introducción con pasajes de la vida de “Sócrates” (que relatan sus discípulos más jóvenes, interpretados por Guillem Motos y Ramon Pujol), el propio “Sócrates” (¿o Pou?) nos advierten del juicio que va a tener lugar y además, que apaguen los móviles y no tosan, por favor.

En una escenografía marcada por una bancada semicircular, un ágora, donde se encuentran los discípulos y los enemigos de “Sócrates”, la obra deambula por las señas de identidad del pensador: La justicia, la honestidad y sobre todo, la verdad. El razonamiento del filósofo no sirve de nada cuando los detractores ven en él un manipulador, alguien que desprecia a los dioses y un arrogante…bueno, en resumidas cuentas, alguien peligroso que no interesa en la “democracia” ateniense. Algo que se nos muestra muy cercano.

La obra se estructura más bien en monólogos ya que no hay casi interacción entre los actores, salvo en el propio juicio o justo antes de su muerte, con su discípulo Critón (interpretado por un siempre estupendo Carles Canut) que intenta evitar la muerte del pensador frente a la honradez de este. Desde luego, esto hace que Pou tenga un mayor protagonismo y que las interpretaciones de los otros actores queden en otro plano, aunque tienen gran nivel. Pou es un actor sobresaliente, por no decir inmenso, y quizás hubiera sido mejor dejar la obra con menos actores para aprovechar el trabajo del resto del elenco ¿o quizás dejarlo en monólogo?. No hace falta demostrar la categoría de quien interpreta el pensador porque ya lo ha demostrado y aquí construye un “Sócrates” desde el lado humano, con una retórica justa, sin grandilocuencia. Es destacable el monólogo de Jantipa que humaniza aún más al pensador y que interpreta, en el proscenio, Amparo Pamplona con gran maestría.

Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano” es de esas obras necesarias (creo que es la primera vez que se realiza una obra teatral sobre el pensador, de estas características) por lo que cuenta, por como lo dice, quizás para desechar la imagen menos condescendiente de este pensador (su arrogancia). Ahora que faltan pocos días para las elecciones, más de un político debería tomar nota sobre lo que vimos el pasado fin de semana en el Guimerá. Pero, en fin, difícil, por no decir imposible, que un político (de nuestros días cercanos y lejanos) llegue a la altura de “Sócrates” porque como sentenció (de la mano del gran Pou):  “Nazco cada día, vivo en todas la épocas y nunca moriré”.

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