“El hombre almohada” y la psicología humana

 In Críticas

Con muchas ganas nos fuimos a la isla vecina de Gran Canaria para disfrutar de uno de los títulos más interesantes de esta temporada teatral. “El hombre almohada”, un texto de Martin McDonagh estrenado en el mes de mayo en Avilés recalo el pasado fin de semana en el Teatro Cuyás.

La obra es un  “thriller” que arranca en plena tensión. Katurian es una escritora de cuentos “infantiles” interrogada por la policía. El motivo: Han aparecido niños asesinados siguiendo el procedimiento relatado en sus cuentos, los cuales acaban siempre de forma truculenta. Se sospecha de ella y de su hermano Michal, un joven discapacitado que protege con vehemencia.

A medida que avanza la historia la sensación de angustia y turbación se apodera del espectador con algunos momentos de respiro, como cuando se encuentran los dos hermanos donde la ternura aflora en escena. Al mismo tiempo se va dibujando un debate moral repleto de múltiples lecturas, víctima vs. verdugo, la violencia infantil, el grado de culpabilidad de un psicópata, la libertad de expresión, etc. enriqueciendo aún más el texto. Sin duda la historia se apoya en los cuentos que Katurian escribe, y con ello vamos descubriendo el porqué de las cosas. Uno de ellos es representado por los actores con unas máscaras de resultado sobresaliente e inquietante, y el otro juega con el teatro de sombras y marionetas rompiendo así con el devenir de la obra. Desde luego dos grandes momentos de la función.

David Serrano logra calibrar la atmósfera inquietante en medio de una disputa moral a la que somete al espectador

La adaptación y dirección de David Serrano logra calibrar la atmósfera inquietante en medio de una disputa moral a la que somete al espectador. El elenco encabezado por Belén Cuesta (Katurian), sumida más en la abnegación que en el dolor a veces nos recuerda a su personaje en “La trinchera infinita”. Secundada por dos actores que son “puro teatro”, Manuela Paso y Juan Codina, navegando en los arquetipos del “poli bueno” y el “poli malo” con toques muy personales. Y por otro lado Michal interpretado por Ricardo Gómez que afronta el personaje con una extraordinaria naturalidad tanto en los gestos como en el tartamudeo y cuyo resultado es admirable.

Magnífico el trabajo de Ricardo Sánchez Cuerda ofreciendo una escenografía que recuerda más a un matadero de una nave industrial que a un calabozo, repleto de archivos, un “camastro”, algunas sillas y telones de plástico a lo que hay que sumar la creación de las máscaras y marionetas de la función. Bravo. Por supuesto, la iluminación de Juan Gómez Cornejo es vital en toda la composición tenebrosa de la escena.

“El hombre almohada” engancha y mantiene en vilo al respetable gracias a un excelente texto de aparente simplicidad que esconde lo controvertida que es la psicología humana. El debate esta servido (y si es en buena compañía, mejor que mejor).

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