“Malvivir” de Ay Teatro: Pícaras con anhelos libertarios
Nos trasladamos a Málaga para disfrutar un fin de semana intenso después de semanas de sequía teatral en Canarias debido a varias cancelaciones por la pandemia y cierto desánimo por la programación en las islas.
El Teatro Cervantes acogía “Malvivir”, de la compañía Ay Teatro. Texto basado en las novelas pícaras del Siglo de Oro, como “La hija de la Celestina” de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, “La niña de los embustes” de Alonso de Castillo Solórzano, “La pícara Justina” de Francisco López de Úbeda o “Tres letrillas y un romance” de Quevedo. Con ello Álvaro Tato nos cuenta la historia de Elena de Paz. Rebelde, avispada pero a la vez embustera y mangante, quizás víctima de una sociedad despiadada. Su afán de libertad choca con los convencionalismos de una época oscura donde la mujer es ninguneada. Quizás esta es una de las claves, retomar unos textos poco conocidos por el gran público poniendo en valor a la mujer libre de ataduras.
Nuestra protagonista se irá encontrando con diversos personajes que reflejan el acontecer de una época que para nada es lejana. Es que la picaresca continúa siendo marca España. Entre ellos está el pícaro Montúfar con el que vivirá un romance escabroso donde el engaño también está presente. Momentos que navegan entre la tragedia y el sarcasmo, que al fin y al cabo es vida en sí misma. Aunque cuando el hambre ahoga parece que se torna más intensa.
Aires “ronlaleros”
El montaje se conforma con aires “ronlaleros”. Es inconfundible el sello de Álvaro Tato, perfecto conocedor de los entresijos del Siglo de Oro construyendo unos versos que fluyen entre el patio de butacas. Yayo Cáceres dirige al compás de los mismos sin perder el ritmo.
Junto a ellos dos actrices que disfrutan en el escenario (y se nota), jugando con los personajes…pasando de la tragedia a la charlatanería entre esperpentos y adefesios. Aitana Sánchez-Gijón y Marta Poveda se enfrentan a un enorme trabajo físico con ligereza y a cambios de sexo fugaces. Tejen un verso no exento de vericuetos, todo desde una naturalidad pasmosa. El caso de Poveda es más que notable, con escenas que son auténtica delicia forjando una complicidad con el público desde el comienzo de la obra. Valga la experiencia de sus años en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y su compromiso con los textos clásicos.
Por otro lado la música y el sonido que fabrica Bruno Tambascio lo convierten en ese juglar que acompaña a los personajes en todo momento con precisa armonía. Sin olvidar la escenografía de Mónica Boromello repleta de estructuras metálicas a modo de cajas y escalones donde las actrices brincan (literalmente) entre personajes. La iluminación de Miguel A. Camacho da inusitado protagonismo a las sombras sobre todo en las escenas donde el descaro y el engaño salen a la luz.
“Malvivir” es un ejercicio necesario que rescata a esas mujeres sedientas de libertad, olvidadas (incluso vilipendiadas) que hicieron de la picaresca un “modus-vivendi”. Cuentan que estarán en el Teatro Cuyás de Las Palmas en abril. No se la pierdan.

