“Company”: El reto de Banderas que es puro lujo
En nuestro periplo en Málaga inevitable no acercarnos al Teatro del Soho para disfrutar de “Company”. El musical de nuestro adorado Stephen Sondheim con libreto de George Furth que se ha estrenado, por primera vez en España, de la mano de Antonio Banderas.
Estrenado en Broadway en los 70 Banderas, con gran osadía, asume múltiples riesgos construyendo un musical de enorme calidad. “Company” no es un musical con grandes coreografías, ni continuos cambios de escena, ni esta basado en esa peli que te marcó en la adolescencia, es sobre todo una disección sobre el ser humano. La soledad, la amistad, el amor, el paso del tiempo, el fracaso, en definitiva un retrato vibrante y melancólico de la vida.
Bobby (Antonio Banderas) cumple 50 años y continúa soltero mientras sus amigos le recomiendan que es mejor estar acompañado. Descubriremos las complicaciones del amor a través de esas cinco parejas y las tres relaciones “sentimentales” a la par que dispares que tiene Bobby. El miedo aparece como una sombra entre reflexiones y conversaciones que a primera vista parecen banales.
Parece va a ser difícil que coincida tanta excelencia en un mismo escenario
Las canciones son un recorrido sobre las necesidades de encuentro entre unos y otros y acrecientan con pulso las dudas en Bobby. Sobra decir que detrás de unas letras sobradamente elogiadas hay unas interpretaciones que brillan por sí solas porque Banderas se ha rodeado de un elenco excepcional. Son actores y actrices de enorme trayectoria en musicales en los que parece va a ser difícil que coincida tanta excelencia en un mismo escenario. Desde luego es otro aliciente más para disfrutar de la función.
Desde María Adamuz (altos vuelos en su interpretación de Abril) a Marta Ribera (portentosa presencia escénica como Joanne) pasando por Dulcinea Juárez y Carlos Seguí (con un hipnótico “slow motion”), Silvia Luchetti y Albert Bolea (hermosa naturalidad en sus personajes), Julia Möller y Rubén Yuste (emanan complicidad en lo que a priori parece antagonismo) o Anna Moliner y Roger Berruezo con uno de los mejores momentos de la función en un complejo alarde vocal de Moliner. Sin olvidar a Lydia Fairén, Lorena Calero y Paco Morales (pareja de Joanne) que se agarran a la escena y sus personajes con terrible profesionalidad.
Sonido en riguroso directo que resplandece entre las butacas
A todo esto se une la orquesta del Soho que dirige Arturo Díez-Boscovich con 26 músicos colocados en los laterales, entre las escaleras que cuelgan de los edificios del Nueva York que vive Bobby. Un sonido en riguroso directo que resplandece entre las butacas. La iluminación es del maestro Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos y la escenografía de Alejandro Andújar nos traslada a la gran manzana ayudado por proyecciones perfectamente hilvanadas, que junto a la iluminación consiguen ambientarnos en distintos momentos del día y de la noche.
Sin duda es todo un lujo que el actor malagueño asuma no solo el riesgo de abrir un teatro en su tierra natal sino que elija montajes como este que a priori son de culto y que difícilmente otras productoras de musicales abordarían. Quizás la clave está en que “A Chorus Line” era más comercial que este y era necesario dar un salto asumiendo nuevos retos. Nada que ver con nuestro Bobby cuyos miedos no le dejan asumir el paso inexorable del tiempo.

