Nada que perder y mucho que ganar

 In Críticas

Eso es lo que creo que pasó el pasado sábado en la Sala Teobaldo Power de La Orotava, la satisfacción de que más que perder, los espectadores habíamos ganado disfrutando de otra joya teatral que se quedará largo tiempo en nuestro recuerdo. “Nada que perder” es teatro inteligente, emocionante que te agarra de principio a fin.

A través de ocho historias (escenas) y un epílogo, nos enfrentamos a una serie de personajes muy cercanos usando como arma el interrogatorio, las preguntas y respuestas siempre bajo la acción de dos actores y un tercero  que es una especie de narrador que a veces parece ser la propia conciencia. Todo parte de un asesinato, es pura serie negra, no sólo aparecen policías y sospechosos, sino también, padres e hijos, abogados y empresarios, psiquiatras y pacientes. Y lo sorprendente es la terrible conexión que tienen todas las historias que al final son una, desvelando lo peor de una sociedad en crisis, sobre todo en valores, donde se premia al más corrupto, donde el mirar a otro lado es el pan de cada día con la premisa “mientras a mí no me afecte…”. De aquí no se escapa ni la educación, ni la sanidad, ni el mundo laboral, el consumo, las relaciones sociales…todo a través de un texto portentoso que no da puntada sin hilo, escrito por dos hermanos canarios Quique y Yeray Bazo junto Juanma Romero y Javier G. Yagüe. Nos ofrecen un teatro indispensable, ese que hay que ver, el que se convierte en asignatura obligatoria, que nos hace llegar a casa y en la soledad del individuo te hace reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos, si somos capaces de responder a hace batería acribilladora de preguntas que nos han hecho en dos horas de función.

La obra consigue un gran dinamismo en todo momento, ayudado por unos actores brutales. Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón y Pedro Ángel Roca, tienen que lidiar con multitud de personajes, nada menos que diecisiete, y lo hacen con una solvencia casi de vértigo, teniendo gran importancia sus movimientos y el dominio de la voz (quizás más acentuado en Marina por la lejanía, a primera vista, de cada uno de sus personajes).

Texto y actores hacen que “Nada que perder” sea imprescindible, la escenografía (llena de bolsas de basura junto a una mesa y unas sillas) diría que es simplemente una excusa dentro del argumento de este “thriller” de dimensiones desorbitadas. No es de extrañar que la Sala Cuarta Pared, artífice de la maravilla, lleve cuatro temporadas programándola, sumado a una gira por todo el territorio nacional. Una sala que sigue creando escuela a través de la investigación escénica, ofreciendo, en este caso, un texto de enorme complejidad que es un gozo absoluto rompiendo totalmente esa “cuarta pared” con el espectador.

Esperemos que la afluencia notable de público que se acercó a La Orotava el pasado sábado, sirva para que Sala Cuarta Pared vuelvan pronto a las islas. Para Mardteatro es inexcusable, porque sin duda tenemos mucho que ganar.

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