“Delirium lorquiano”
Icod se convirtió en el lugar donde me he vuelto a reencontrar con la compañía “Delirium“. Después de sus últimos montajes con los cuales he sido muy crítico, anoche recibí una “bofetada” en toda la cara y encantado de recibirla (¿me estaré volviendo un “masoquista” teatral?).
Sala abarrotada (600 personas) y entregada, a un trabajo donde el oficio de actriz vuelve a iluminar un teatro oscuro y sobre todo anoche, angustioso con un olor a “muerte” y opresión que se vislumbra desde el comienzo…el repique de campanas anuncia el luto, la muerte…y el público la respira, la siente.
“Delirium Teatro” conmemoran sus 30 años en el oficio, con una acto hermoso, por lo menos eso me parece, homenajear el oficio de actriz. Hace tiempo (por lo menos en Canarias) no veía un conjunto de actrices tan homogéneo, tan a la altura…en permanente estado de gracia. Más cuando la última vez que vi “La casa de Bernarda Alba” fue en 2009 dirigida por Lluis Pasqual, donde Bernarda era Nuria Espert y la Poncia era mi admirada Rosa María Sardá. Ahora en mi mente el recuerdo de este montaje de “Delirium”, ocupa casi el lugar de la obra dirigida por Pasqual. Desde Soraya González del Rosario, esa Bernarda que es muerte en vida, con esa fusta con la que impone su ley, con la que derrama sangre, es casi un vampiro que se alimenta de la opresión a sus hijas (su tocado me recordó al “Drácula” de Coppola), y Carmen Cabeza, esa Poncia que es la voz de la conciencia, que juega a la ternura, pero ahí está, es Poncio Pilatos en mujer. Después están las hijas, Angustias (Lioba Herrera) donde la congoja se traduce en un ligero tartamudeo, Magdalena (Carmen Hernández) lacrimosa y con risa nerviosa, Martirio (Nuhr Jojo) atormentada que no deja que Adela viva su amor con Pepe el Romano y se convierte casi en su sombra y finalmente Adela (Sofia Privitera) la esperanza, el amor a flor de piel, en medio de la opresión, la oscuridad, la sangre, la muerte, el destino trágico. Todas las actrices se han alimentado de los elementos “lorquianos” para construir unos personajes renovados, llenos de matices, sin necesidad de vestidos negros, porque ya la atmósfera lo es, es asfixiante (trasladar algunos momentos de la obra al patio de butacas, usando linternas logra que el espectador quede más aturdido en medio de una casa oscura y que hiede a muerte). El maquillaje acentúa la decrepitud (que sean casi unos “zombies” que deambulan por la casa) y el carácter de cada una se vuelve casi locura (para no estarlo).
Por otro lado, a raíz del uso de la simbología “lorquiana”, “Delirium” da una vuelta de tuerca en varios aspectos, porque a pesar de que aparecen los elementos de siempre: La luna, los caballos (en video), el agua (magnífica la luz que emana del cubo), el bastón de Bernarda, existen otros nuevos como la eliminación de los móviles (dentro del cubo) símbolo de la opresión y aislamiento, el abanico verde como una luz fluorescente o esos encajes representados por guirnaldas de luz blanca (la luz más brillante que se verá en esa casa).
Y dos apuntes finales, la banda Santa Cecilia de Tacoronte, que se integra como otro elemento más, creando un “luto” perpetuo durante la obra, y al Festival “Máscara” de Icod, un festival que lleva ocho años en Tenerife mostrando los mejor de las islas, creando más aficionados a este arte que tanto nos apasiona.
A la espera de nuevos “bolos”, les animo a encontrarse con esta “Bernarda Alba”, para que siga dando que hablar mucho tiempo.
