“Ana ( También a nosotros nos llevará al olvido )”: Derribar o al menos remover

 In Críticas

Tras adentrarnos en el universo de Dulce Chacón con “La Voz Dormida” en el Teatro Guimerá, el pasado viernes disfrutamos en el Teatro El Sauzal de una obra que parece estar muy relacionada con ella, se trata de “Ana (también a nosotros nos llevará al olvido”), donde la memoria, la libertad, tanto de acción como de pensamiento, en una sociedad machista vuelve a ser protagonista en pleno siglo XXI aunque ambas obras transcurran en épocas pasadas (en este caso los años 60).

Irma Correa ha creado a una Ana que bebe de la “Tristana” de Perez Galdós y de la “Nora” de Ibsen (“Casa de muñecas”). En este caso quizás más cercana a Tristana, una mujer que pese al sufrimiento desea una independencia por encima de todo y ese camino se subraya en Ana desde el comienzo de la obra. Nora también va en busca de su propia personalidad pero quizás es más frívola y a veces “controladora” características más lejanas en nuestra protagonista. Esta claro que Correa ha creado una historia que sigue siendo necesaria, como ” La Voz Dormida ” de Chacón, necesaria para remover conciencias, aunque para muchos parezca algo del pasado.

Ana también a nosotros nos llevará al olvido

Centrados en la representación, llama la atención el espacio escénico creado por Mario Vega que juega con un muro (esta vez móvil pareciendo otro actor que cuenta los estadios de Ana) donde se alternan proyecciones y que como ocurriera en “Me llamo Suleimán” es muy dinámico, integrado en todo momento, con más o menos acierto, con los propios actores. Sin duda, una de las escenas finales que tiñe de rojo hasta el patio de butacas es de una belleza amargamente poética que sobrecoge y que queda en la retina largo tiempo. Destacable el trabajo de Iban Negrín en la iluminación, arduo cuando tienes un muro que se mueve y se eleva de forma constante.

Los actores se desenvuelven bien con sus personajes, desde Marta Viera, nuestra protagonista, que tiene que lidiar con la Ana angustiada, soñadora, temerosa y también luchadora, hasta Ruth Sánchez que recrea esa “voz” de la conciencia llena de sentimiento, una “voz” que quizás hubiera sido prescindible en el montaje final. No obstante quien brilla en muchas ocasiones es María de Vigo, una actriz embarcada en dos personajes casi antagónicos, por un lado, la fotógrafa francesa Vivian, que motivará el gran cambio en Ana, llena de luz, apasionada, que sabe apreciar la belleza de las cosas y una peluquera gallega, algo descarada, que prefiere (desde su punto de vista) la seguridad en la vida de Ana. De Vigo borda el encuentro de sus dos personajes con sus acentos casi inalterables.

Ana es una obra que surge de un proyecto ambicioso porque traspasa el arte de la escena llamado “Laboratorio Galdós“, en el que la productora canaria “Una hora menos” desarrollará otros dos montajes a través de sendos procesos creativos. El próximo: “El crimen de la calle Fuencarral” pero esa es otra historia. De momento, “Ana” se postula como uno de los montajes más atractivos para esta temporada en Canarias.

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