“Bakunin sauna”: Sudores, anarquía y un secuestro

 In Críticas

Con muchas ganas arrancaba la edición 2021 de la Muestra Escénica Iberoamericana (MEI). Teatro El Galpón subía a las tablas de Teatro El Sauzal para satisfacer las ansías de un público ávido de arte escénico.

“Bakunin sauna, una obra anarquista” es la historia de Margarita, una vieja anarquista “retirada” (o no) especializada en computación cognitiva. Ha decidido secuestrar a Ema, la nueva gerente de IBM en Latinoamérica. Rosa y Bernardo la ayudaran en esta tarea junto a una especie de robot-humanoide con la apariencia del filósofo Mijaíl Bakunin. Margarita lleva años trabajando en este prototipo. Pero le va a acarrear algún que otro problema debido a que se sirve de la wifi del hotel para continuar su aprendizaje. La cosa irá por derroteros más violentos bajo el influjo de Charles Manson.

La obra no solo se sustenta en la teorías anarquistas, en la caída del opresor, en los poderes sociales o en la creación de un mundo que lideraran “frikies” antisistema sino que juega con las consecuencias del uso de la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y los peligros del “free wifi”. Una crítica al devenir de una sociedad atrapada por la tecnología que se mira de forma constante al ombligo.

Una comedia delirante y absurda que plantea cuestiones más profundas al espectador

Paralelamente, aunque de forma velada, somos testigos de una tercera edad que desea atrapar una juventud lejana donde la muerte cada vez es más cercana. La idea en sí misma de realizar un secuestro muestra las ansias de realizar experiencias no vividas o el propio espíritu “transgresor” de Rosa y Bernardo es ejemplo de ello. El ser humano enfrentado a situaciones inesperadas (y anheladas). El texto de Santiago Sanguinetti no da puntada sin hilo, con una coherencia e inteligencia pasmosa, en medio de un caos aparente, sobre todo en la segunda parte de la función donde el desvarío y el absurdo alcanza cotas más elevadas. Realmente es una comedia delirante y absurda que plantea cuestiones más profundas al espectador.

Se aprecia la experiencia de un elenco y una compañía que lleva 72 años en los escenarios. Hay un dominio del texto que con facilidad puede provocar desconcierto por el ritmo frenético del mismo, y que es resuelto con notable solvencia. Destacable la escenografía de Laura Leifert y Sebastián Marrero, una sauna finlandesa que ocupa toda la escena.

Un divertido y disparatado arranque con el que el público respondió con un lleno y una ovación. MEI promete propuestas muy interesantes en las semanas venideras.  Se respira ansias de vivir teatro, de vivir al fin y al cabo.

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