“Dribbling”: Aprender a regatear en la vida real

 In Críticas

Otro fin de semana con una interesante propuesta en el Teatro Guimerá. “Dribbling” tomaba las tablas de teatro para ofrecer al público un “thriller futbolístico”  que atrapa sin respiro desde el primer minuto.

Javi Cuesta es un afamado futbolista enfrentado a una acusación por abusos sexuales que inundará la prensa nacional. Todo sucede mientras se encuentra negociando un contrato millonario con otro equipo. Su agente intenta solventar el entuerto pero a ello se suman malas compañías, noches de fiesta y lesiones.

Ignasi Vidal construye un drama de manera ágil donde los diálogos se suceden a ritmo vertiginoso, convirtiendo la acción en una bofetada de realidad. El fútbol es un mero pretexto para ofrecer al espectador las consecuencias de la fama y el éxito sin control aparente. Da la sensación que hay una pérdida de la realidad por parte del protagonista y la relación con su representante tampoco ayuda demasiado, planteando a veces soluciones poco “éticas”. Es un “ring” despiadado donde los juegos de poder son armas de doble filo. El comportamiento de la llamada prensa “tóxica” también se muestra en la obra y sirve de vehículo para empeorar la situación del jugador. Todo ello sin dar tregua al público, que se enfrenta al hundimiento de un “rey Midas”.

Drama ágil donde los diálogos se suceden a ritmo vertiginoso

La obra requiere que el trabajo actoral sea lo más terrenal posible recurriendo a un lenguaje directo, a veces punzante, donde la batalla dialéctica esta servida. En este caso tanto Nacho Fresneda (Pedro Guillén) como Alvaro Rico (Javi Cuesta) salen victoriosos de este partido descarnado. Han conseguido dominar el texto y hacerlo suyo sin recurrir al exceso, acercando la acción al patio de butacas con efectividad y naturalidad. A destacar la escena donde Javi dominado por las drogas y el alcohol se enfrenta a su agente.

La escenografía, con el inconfundible sello del gran Alessio Meloni (que también es responsable del vestuario), simula la mansión del futbolista con un enorme tapiz verde a modo de campo de fútbol. Avanzada la obra se transforma en el despacho de su agente, en color blanco, que junto al uso de la luz diseñada por Felipe Ramos intercala la acción entre dos ambientes bien definidos diría casi antagónicos.

“Dribbling” en el argot futbolístico significa regatear y parece que nuestro protagonista no consigue aplicarlo a su vida fuera del campo. Uno sale del teatro cavilando que el ser humano es complejo, la fama efímera y los actores un espejo de la realidad.

Recent Posts

Dejar un comentario

Start typing and press Enter to search