“San Juan”: Sociedad a la deriva

 In Críticas

Finaliza la edición especial 2020 de la Muestra Iberoamericana (MEI) que ha demostrado el esfuerzo de las compañías canarias que apuestan por la cultura (segura) en unas condiciones nada favorables. La última compañía en aterrizar, después de su estreno en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, fue La República. Con 25 años de trayectoria nos ofrece un montaje complejo y comprometido: “San Juan” de Max Aub.

La complejidad viene dada por el propio texto de Max Aub. “San Juan” es el nombre de un “carguero” donde se hacinan seiscientos judíos a los cuales, en el año 1938, no se les permite desembarcar en ningún puerto. Una alegoría del exilio de contundente actualidad. El autor centra la acción dramática en más de un centenar de personajes de toda clase y condición: Ricos y pobres, jóvenes y ancianos, rebeldes y sumisos, traidores y leales…Un reflejo de la sociedad. A su vez lo sitúa en un tiempo determinado donde pasan poco más de 24 horas. Estas “particularidades” exigen que la obra tenga grandes dosis de dinamismo exigiendo, sobre todo al equipo actoral, un esfuerzo extra.

En el caso de la compañía canaria los siete actores (Miguel Angel Maciel, Efraín Martín, Toni Baéz, Abian de la Cruz, Idaira Lermo, Sara Álvarez y Saulo Valerón) deben ponerse en la piel de varios personajes al ritmo que les marca un barco con un futuro incierto. Evidentemente, por razones obvias, la obra se centra en determinadas historias, como la de los enamorados, el banquero, los rabinos, el propio capitán…donde se manifiesta la tragedia del individuo que se transforma en colectiva, asfixiada por la falta de humanidad y solidaridad. El espacio escénico reducido a las fronteras de un barco hace que afloren las miserias, la ambición, la agonía, la resignación y la angustia de todos ellos.

El barco es otro protagonista, casi un actor en la escena. Soportado en una estructura metálica imponente, los actores realizan un esfuerzo físico agotador, sobre todo en el tramo final de la obra cuando una tormenta se cierne sobre el “San Juan”, ejecutando movimientos pendulares y de estribor a babor. Sin duda este cenit dramático, con fuerte carga emocional, es uno de los grandes momentos del montaje que requiere maestría por parte de una dirección que capitanea Nacho Cabrera. Es destacable además la iluminación de Miguel Ferrera que juega con el azul del mar (acompañado a veces de proyecciones de video), la intensidad del sol o la luz de la luna junto al devenir de los actores.

Una apuesta valiente y nada condescendiente de una vigencia abrumadora que dejó al público de la Muestra Iberoamericana (MEI) con ganas de más teatro, puro teatro, como el que muestra Max Aub y La República, reflejo de una sociedad a la deriva.

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Comments
  • Miguel Ángel Maciel
    Responder

    Muchas gracias estimado Arturo Padrón por sus palabras para con el San Juan. Infinitas gracias.

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