El sueño o el deseo de una mujer

 In Críticas

Menudo es el reto de subir a las tablas, además en formato musical, la novela breve de Stefan Zweig “24 horas en la vida de una mujer”. Silvia Marsó ha arriesgado mucho con este montaje, siendo la productora del mismo, cumpliendo la premisa de “el que no arriesga no gana” y así nos lo hizo saber el pasado fin de semana en el Teatro Guimerá.

La obra catalogada como un “musical de cámara” (pocos actores, pequeño formato, poca duración y bajo presupuesto) cuenta la historia de Mrs. C (Silvia Marsó) una aristócrata enviudada que aburrida viaja a Montercarlo, donde conoce a un joven jugador (Felipe Ansola) que lo pierde todo en la ruleta. El joven, al borde del suicidio, es salvado por Mrs. C que le ofrece una noche de hotel y una cantidad de dinero para que abandone Montecarlo y sobre todo el juego. En un arrebato de pasión ella intenta convertir la aventura en un romance que será imposible y doloroso, donde vemos que el hombre no es tan libre y tan fuerte como la sociedad nos hace ver. Los convencionalismos sociales nos marcan seas hombre o mujer, seas pobre o rico, seas creyente o no, incluso nuestras afinidades políticas y de todo ello se intenta despojar nuestra protagonista en esas 24 horas que marcan el resto de sus días, es una lucha entre el corazón y la razón (incluso diría un sueño vs. realidad).

Pero vayamos al montaje que viene acompañado de una música maravillosa de Sergei Dreznin que navega entre lo clásico, el jazz incluso el tango ejecutado por un trío (piano, violín y violonchelo), que domina la partitura en todo momento y es uno de los puntos fuertes del montaje. Las letras de las canciones en algunos momentos pueden parecer triviales, incluso hieráticas pero hay que destacar que están totalmente integradas en el espectáculo dando más sentido a la historia. La dirección de Ignacio García es notable, cuidando cada escena, sobre todo con la ayuda de una extraordinaria iluminación del maestro Juanjo Llorens y la escenografía de Arturo Martín Burgos que a través de unas enormes cortinas nos lleva de lugares lúgubres a lugares llenos de ensueño. En definitiva, una puesta en escena (sin olvidar el logrado vestuario de Ana Garay) bastante notable que ayuda al espectador a vivir las 24 horas más apasionadas de Mrs. C.

Capítulo aparte, hay que señalar al elenco, donde Gonzalo Trujillo es un maestro de ceremonias que nos hace recordar lo que es la mentira, las medias verdades y el juego de la razón y la pasión, y por otro lado el joven que encandila a Mrs. C, un jugador obsesivo que Felipe Ansola resuelve con buena voz y gran dinamismo. Y quien brilla con luz propia es Silvia Marsó, magnífica, dando toda la pasión y toda la desdicha cuando hay que darla, con un dominio de la voz portentoso cuando transita entra la Mrs. C más joven y la anciana, mostrando su dotes para la canción y el baile, y sobre todo la lucha por hacer realidad un proyecto nada fácil, una “rara avis” en el teatro español. El sueño que tenía una mujer (La Marsó) que se ha hecho realidad a través de la pasión de Mrs. C, una mujer fruto del prodigioso Mr. Zweig, y que deseamos tenga largo recorrido en los teatros de toda España.

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Showing 2 comments
  • Silvia Marsó
    Responder

    Gracias Arturo por esta maravillosa critica. Toda la compañía te lo agradecemos. Un abrazo

    • Arturo Padrón
      Responder

      A ustedes por darnos tanto en escena

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