La belleza de lo cotidiano
El pasado fin de semana se ponía a fin a una de las ediciones más arriesgadas del Festival Internacional Clownbaret (FIC), sobre todo por lo llamativo de su cartel de artistas. Una de las sorpresas de esta edición fue sin duda la inclusión de “Inbal Pinto & Avshalom Pollak Dance Company“. Procedentes de Israel, lo curioso de esta compañía es que su estilo no se ciñe a la técnicas del “clown”, sino más bien, es una compañía de danza contemporánea que bebe de esas técnicas y de otras (mimo, objetos, etc.) para crear un espectáculo de extraordinaria belleza visual.
Con una sencilla escenografía, en la que destaca un perchero lleno de ropa en tonalidades de color beige, la obra transcurre a través de pequeños detalles que consiguen estimular la imaginación del espectador (el que esté abierto a ello claro), consiguiendo que un momento de lo más rutinario, se convierta en algo mágico, lleno de poesía. La hora de tomar el té es un baile lleno de armonía y belleza…al ritmo de la música francesa de los años 20…algo entre “El festín” de “La Bella y la Bestia” y la mesa del Sombrerero Loco de “Alicia en el País de las Maravillas”; cuando nos toca vestirnos, la ropa cobra vida propia; y si vamos a pescar, unos calcetines rojos colocados en unos pies delicados de una bailarina, pueden ser unos peces que danzan de forma armoniosa. Todo es susceptible de ser convertido en belleza mágica.
En esta ocasión, la compañía esta compuesta por dos actores y dos actrices. Sin duda, creo que las actrices dominan la escena porque en muchas ocasiones son las responsables de llevar el ritmo y el devenir de la obra, con un dominio de la expresión corporal admirable (mimo y danza a parte iguales). Los actores también cuentan con momentos destacados como el “clown/vagabundo” que aparece en la oscuridad al comienzo de la obra y que termina su viaje con la bailarina que parece sacada de una caja de música (otra escena para el recuerdo). La iluminación aunque sencilla es efectiva y la música cuidada al detalle desde “The Dukes of Dixieland” a Kurt Weill.
Sin duda, el poco público que pudo disfrutar de esta “joyita” llamada “Goldfish” habrá salido diciendo: “Lo que te perdiste ayer en el Guimerá”, porque aunque cada vez me sorprende menos (y eso es grave), es increíble que una compañía del prestigio de “Inbal Pinto & Avshalom Pollak Dance Company” llamara la atención de tan poco público en el teatro capitalino. A este ritmo los responsables de traer estas joyas, van a entrar en su soporífero aburrimiento. En resumen, felicidades a quienes han apostado por esta propuesta tan peculiar, difícil de ver por estas tierras.

