Vivir para respirar

 In Críticas

Muchas ganas teníamos de respirar, el pasado viernes en el Teatro Guimera. Sin duda “La Respiración” era una de las apuestas de la temporada, que hacía imprescindible su disfrute para cualquier aficionado a las tablas. Habían razones de peso, obra “multipremiada”, avalada por la crítica y en resumen, uno de los mejores montajes del pasado año.

Sin duda, lo que más me llama la atención de este montaje, es como Alfredo Sanzol, autor y director de la obra, ha conseguido que su “alter ego”, Nagore, nos muestre las consecuencias de una separación, el trauma que supone este hecho. La sensibilidad y naturalidad del personaje interpretado por Nuria Mencía (que estoy seguro ha aportado mucho en su creación) es apabullante. Sanzol, que creo el personaje de Nagore después de su separación, obviamente no hace alardes feministas en su “discurso”, si no que más bien utiliza la sensibilidad femenina para mostrarnos esos sentimientos obsesivos hacia el que te ha dejado, un camino tortuoso que parece que no tiene salida, en el que tenemos que volver a aprender a respirar. Mencía, es la absoluta protagonista de la obra con una interpretación inolvidable que navega entre la risa, la emoción, la complicidad con el espectador, la angustia, en una especie de montaña rusa laberíntica donde Nagore tiene que buscar su equilibrio perdido.

Otro dato interesante es que a pesar de que pudiera parecer un drama, el texto esta adornado de comedia, no sé si clasificarla de comedia-dramática, algo que permite crear en el espectador la sensación que la liberación de Nagore sea más ligera, como el aire que ella misma debe respirar. En el camino tortuoso de Nagore, la madre y sus amigos juegan un papel fundamental, donde la fantasía y la realidad conviven de manera pasmosa. La muestra de relaciones interpersonales que a todas luces es utópica, Sanzol la dibuja de una forma que para el espectador es verosímil. Por una lado Maite, la madre de Nagore, la enseña a ser más libre, a mostrarle que el amor ese de “un diamante es para  siempre” ya no existe, y por otro lado, los hombres tienen roles físicos (masajista, entrenador y profesor de yoga)…las mujeres son las que deciden en este devenir del amor. Por ello nuestra protagonista se va a cuestionar los esquemas del amor y la pareja gracias a su madre y sus amigos.

Después de Nagore, creo que el personaje que más me ha sorprendido es el de Leire, interpretado por Camila Viyuela, una actriz que destaca en un monólogo maravilloso sobre el sentido del amor y sus límites, que emociona y que nos hace pasar de la risa a la lágrima descontrolada. No fue destacable la actuación de Rosario Pardo, gran actriz, que creo no supo imprimir emoción a su personaje, un personaje que podía ser muy “Almodóvar” pero que se quedó en un quiero y no puedo. Quizás, se echo de menos a Veronica Forqué que se encuentra de baja médica y no pudo viajar a Tenerife, aunque particularmente hubiera preferido ver a la primera actriz que hizo de Maite: Gloria Muñoz. Los roles masculinos aunque no me parecen demasiado interesantes, creo que están interpretados con solvencia; Martiño Rivas, bien como Mikel, el entrenador venido arriba (con momentos dramáticos muy conseguidos y otros cómicos como el del sacacorchos); Pietro Olivera, el profesor de yoga (Andoni) que parece que no muestra realmente su personalidad hasta que hace de “perro rabioso” y José Ramón Iglesias, como Iñigo, que destaca en la escena, donde nos relata que sintió cuando vio a su pareja besándose con el otro en la calle.

Si hubiera que comentar algún punto negativo en la obra (aunque no tanto) ese sería la escenografía, que a pesar de mostrar el típico salón-comedor de una casa cualquiera, creo que daba sensación de estorbo, quizás por la disposición de las dos paredes que delimitan la habitación que empequeñecían el espacio escénico y donde la luz tampoco ayudaba. Sea como fuere, la obra destaca por un texto magníficamente hilvanado y con momentos gloriosos llenos de una extraordinaria sensibilidad, donde el espectador sale de la sala con un optimismo bastante alentador. Nos enseña que siempre hay luz al final del túnel y que a veces, solo hay que pararse un momento…y respirar…respirar para seguir viviendo.

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