Un “Billy Elliot” imprescindible
Como ya comentamos en redes, Mardteatro se traslado a Madrid a ver uno de los acontecimientos musicales de los últimos años, y digo bien porque la crítica y el público se han rendido a este imponente musical que me atrevería a decir que es lo mejor que hemos visto en años. No salía tan emocionado de un musical desde “Follies” que dirigiera Mario Gas. “Billy Elliot” consigue que el público tenga las emociones a flor de piel durante toda la función incluido el intermedio (digiriendo lo que estás viviendo) porque todo en él es redondo: las interpretaciones (elenco de sobresaliente con pocos peros), la puesta en escena extraordinaria, una historia conmovedora y con fuerte carga social, y unos números musicales sorprendentes, algunos ejecutados con gran complejidad (incluyendo acrobacias).
La historia es conocida por todos debido a la película que dirigiera en el año 2000 Stephen Daldry. Billy es un niño que lucha por conseguir sus sueños y descubre, en medio de una huelga minera sin precedentes en el Reino Unido, durante el mandato de Margaret Thatcher, que su autentica pasión es el baile. Sin duda el baile cambiará su vida y la de los que le rodean. He de decir que el musical a diferencia de la película es mas incisivo e incluso político (la señora Thatcher sale peor parada que en la película), y sin duda el carácter musical hace que veamos la esencia de Billy: el baile. En definitiva que he disfrutado más con el musical que con la película de Daldry que es bastante notable.
Pero vayamos por partes. Uno de los aspectos que más impresiona, sin duda, son los niños. La preparación de un año y medio a la que han sido sometidos, después de unos “castings” larguísimos, ha dado sus frutos y de que manera, dominando disciplinas como la danza clásica, la interpretación, el canto y el claqué, y lo más importante en una armonía y equilibrio donde desde los actores principales (Billy y Michael) hasta las niñas del ballet están soberbios. En la función a la que asistimos el papel de Billy Elliot era interpretado por Pau Gimeno y su amigo Michael era Beltrán Ramiro, geniales en sus roles con un sorpresivo Beltrán que tiene una naturalidad pasmosa y que borda “Sé tu mismo” con Pau (“numerazo” de claqué). Por otro lado el elenco adulto con su enorme experiencia en las tablas demuestra que estamos ante una producción a la altura de Broadway o Londres. Desde Llorenç Gonzalez interpretando a un Tony (hermano de Billy) intenso y combativo, pasando por la abuela de Billy esa gran actriz (la adoro) llamada Mamen García que sufrió un tiempo pero que lo supero todo con el baile, porque la danza nos hace más libres; hasta el padre Juan Carlos Martín (sustituyendo a Carlos Hipólito) que no acepta en principio a su hijo pero que luchará por conseguir su sueño. Y después la señorita Wilkinson, enorme Natalia Millán, un papel con momentos extraordinarios, donde la ternura y el sentido del humor (a veces cruel) se conjugan impecablemente y donde Natalia se mueve con una presencia escénica inmejorable.
Y que decir de la puesta en escena. Unos decorados extraordinarios diseñados por Ricardo Sánchez, empezando por la casa de Billy que aparece y desaparece de escena según el transcurso de la obra y que incluye tres plantas (con cocina, baño, el cuarto de Billy y la azotea), una estructura que sale del foso del Nuevo Teatro Alcalá, que se ha reformado para hacer posible la hazaña y que hace inviable que el musical salga de gira por España (además de por los niños que trabajan en él). Junto a esa casa, pues los distintos lugares donde transita la historia: El hogar social, la casa de la Srta. Wilkinson, las minas, la Royal Ballet School…estructuras muchas de ellas complejas que se mueven con gran dinamismo al compás de la función. No quiero que se me escape las luces de Juan Gomez-Cornejo y Carlos Torrijos que tienen gran protagonismo en varias escenas, sobre todo en los momentos más dramáticos.
De la música poco se puede añadir. Las letras de Lee Hall son magníficas desde “Solidaridad” hasta “Electricidad” (traducidas al español por Alejandro y David Serrano) con una música realizada por Sir Elton John que engancha desde la primera nota y que nos lleva a un carrusel de emociones extraordinario. Los músicos bajo la dirección de Joan Miquel Pérez suenan imponentes a pesar de no superar la decena.
Además de valorar lo complejo del montaje de este musical donde la preparación de un elenco de niños, que impresiona (recordemos que hay seis Billy y seis Michael, por ejemplo), digamos que es lo que se ve en primer plano, se suma una adaptación al público español, que a priori puede parecer lejana, pero que David Serrano ha hecho que este muy cercana, palpable en el patio de butacas y que sintamos que lo que ocurre en Durham este más cerca de lo que pensamos.
Sin duda, salí rendido ante una maravilla que es cita obligatoria para los amantes del teatro musical (y para los que no lo son tanto) porque seguro “Billy Elliot” os llegará al corazón. Así que corran a Madrid a ver este portento que estoy seguro le quedan algunas temporadas más para disfrutar. Nosotros pensamos repetir, a ver si podemos disfrutar de Carlos Hipólito y Alberto Velasco.


