El dolor de la ausencia

 In Críticas

Sumergidos de lleno en la programación de “Festival de Tenerife” por fin disfrutamos de uno de los títulos más ansiados, al menos por quién les escribe, en un Teatro Guimerá que debería haber estado hasta la bandera. “He nacido para verte sonreír” es una delicia teatral donde cada elemento escénico no tiene desperdicio, destilando emoción en la hora y media de duración del montaje.

La obra es la despedida (la última hora) de una madre que ha decidido, junto al padre, ingresar a su hijo (preso de una enfermedad mental) en un hospital. Tal decisión es fruto de la desesperación y el angustioso vacío que produce la falta de comunicación entre ambos.  Su hijo esta ausente, ya no está, una pregunta retumba insistentemente: “¿Donde estás?” pero no hay respuesta. El autor del texto Santiago Loza, muy reconocido en su país natal, Argentina, profundiza (y vamos que si lo hace) en las relaciones materno filiales, realizando un retrato de la madre lleno de delicadeza a pesar de la verborrea exaltada que transmite por momentos, que son puros recuerdos, vivencias cotidianas de una mujer sacrificada que sólo busca la sonrisa de su hijo. Pablo Messiez, dirige la escena controlando de manera extraordinaria el tiempo (el reloj marca el devenir), cuidando los detalles, como por ejemplo el sonido de la nevera o la utilización de la música (sobresaliente la escena donde la madre susurra a su hijo mientras suena el bolero “Sin ti” de Los Panchos), en un escenografía extremadamente realista donde unas ramas arropan la cocina como si de un nido se tratara (la cuna/la madre/el niño), pero dando a la vez una sensación crepuscular ayudado por un juego de luces casi fantasmal de extraordinaria belleza.

Y los actores, una Isabel Ordaz, inmensamente dramática navegando a veces en la excentricidad para llevar al espectador una sonrisa que rompa con tanta amargura. Muestra como Miriam, esa mujer un poco chapada a la antigua, esposa y madre, intenta comprender su situación, su dolor y lo verbaliza pero el sentimiento de culpa la rodea y sabe perfectamente que su hijo se fue hace tiempo. En momentos recuerda (no se muy bien porqué) a la Carmen Sotillo de “Cinco horas con Mario” como mujer narradora de su propia existencia. Por otro lado, se encuentra el hijo perdido interpretado por Fernando Delgado-Hierro, cuya presencia en escena sobrecoge porque a pesar de no emitir ningún sonido, sostiene su interpretación en sus delicados movimientos y en una pasmosa ensoñación por la música que deja a la platea conmovida en varios momentos de la función.

Como bien decía Messiez, “He nacido para verte sonreír” es un bolero plasmado en escena, un relato de dolor sobre la ausencia del ser querido, sobre la imposibilidad de comunicarle al otro el amor que sientes porque sencillamente ya se ha ido.

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