Límite al exceso en “Gross Indecency”

 In Críticas

La apretada agenda de actividades de Festival de Tenerife nos llevo a que un día, un tanto peculiar como es un lunes, a disfrutar de una obra teatral como poco bastante interesante. TeatroLab Madrid (junto al Reló Producciones) una compañía convertida en un espacio de creación teatral se subía a las tablas del Teatro Leal con la obra “Gross Indecency (Los tres juicios a Oscar Wilde)“. La compañía aprovechará su estancia en la isla para impartir dos talleres y ofrecer una segunda propuesta escénica: “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” de Jardiel Poncela.

Centrándonos en “Gross Indecency”, una obra con un texto excepcional de Moisés Kaufman que consiguió gran éxito en el “Off-Broadway”, trata sobre la odisea trágica que tuvo que sufrir el ya inmortal Oscar Wilde por sus escarceos amatorios. Kaufman teje una minuciosa tela de araña donde no solo transcribe lo ocurrido en los tres juicios sino que lo llena de anécdotas personales, entrevistas, textos de las obras del propio Wilde que lo convierten en una exquisitez casi filosófica. Muestra la fragilidad del escritor cuyo arte fue tachado de indignante en la época victoriana y cuya carrera terminaría ensombrecida por estos juicios que propició el padre de su “amante”: el Marqués de Queensberry. La adaptación que han hecho Gabriel Olivares y David DeGea es tan minuciosa como la de Kaufman, el espectador debe estar preparado para, en unas dos horas, asimilar un texto rico en anécdotas que en algunos momentos hasta puede apabullar pero que atrapa y mantiene la expectación en todo momento.

Al texto hay que añadir una escenografía que se sostiene en unas cajas metálicas con ruedas que convierten el espacio en un juzgado, un calabozo, un “club”, etc. apoyado con proyecciones de video y una iluminación muy cuidada que hacen que la obra sea un alarde de recursos escénicos que no pareciendo complejos si lo son, cumpliéndose la premisa de que el teatro es pura magia. El director Gabriel Olivares se ha adueñado del exceso (o no sé si el exceso de él) porque el texto de Kaufman también lo es, incluso el personaje que nos atañe. El ritmo frenético (quizás más tedioso en la primera hora dedicada al primer juicio) unido al planteamiento escénico en si mismo, con ideas ingeniosas como las cartas leídas que hacen “sobrevolar” los actores, o la entrevista al experto en Wilde, hacen que ese exceso nos lleve a un viaje casi hipnótico.

Capítulo a parte los actores, todos en un equilibrio sobresaliente, donde destaca un trabajo físico meritorio. Recordemos que la compañía recurre a una disciplina teatral llamada “Suzuki” con influencias del ballet, el teatro tradicional japonés y griego, las artes marciales y el flamenco, y aquí el esfuerzo es notorio. El ritmo de la obra debe mucho a los movimientos y acciones de los actores, que ofrecen sensaciones entre el público contradictorias como ese “Over the rainbow” tan melancólico con saltos extenuantes. Además de ese trabajo físico, bien dirigido, todos dominan un texto para nada asequible sobre todo en manos de los protagonistas Javier Martín (Oscar Wilde) y David DeGea (Lord Alfred Douglas).

“Gross Indecency” no muestra culpables o inocentes, es el drama humano de un célebre escritor abocado durante años a vivir en un “ring” de boxeo, metáfora de una farsa judicial sensacionalista cuyo objetivo fue acabar casi con su vida y su arte infinito.

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