Placeres casi obscenos

 In Críticas

El pasado fin de semana nos sumergimos en el mundo de las relaciones personales a través de “Placeres Íntimos”. La obra del sueco Lars Norén se representaba en el Teatro Guimerá bajo el paraguas del Festival de Tenerife en un fin de semana lluvioso y donde el mar embravecido golpeo las costa norte de Tenerife, tanto como el texto de Norén adaptado y dirigido por José Martret.

En una noche, bajo el encuentro de dos hermanos con sus parejas respectivas tras la incineración de su madre, asistimos a un intenso retrato de la pareja de forma descarnada, con momentos agresivos llevados al extremo y con un lenguaje que muchos habrán tildado de provocador. Un texto lleno de complejidad donde las dos parejas al borde de la ruptura muestran la destrucción del romanticismo y el alzamiento de la toxicidad alimentada por las exigencias, la intolerancia, la venganza, el tormento y diría incluso el odio. Martret ha jugado con el esperpento y la comedia (muy negra) enfrentando al espectador a un espejo que bien podría ser un drama pero que llevándolo al otro extremo, rozando a veces el surrealismo, hace que reflexionamos sobre la pareja y nosotros mismos pero sin juicios de valor.

Para llevar a cabo este “tour de force” de poco más de hora y media, la dirección de actores juega un papel fundamental. Desde los excesos de la pareja “anfitriona”: Charlotte y Jon, interpretados por Cristina Alcázar y Francisco Boira, al casi grotesco comportamiento de Mónica y Alan, que interpretan Toni Acosta y Javi Coll, Martret proporciona un insólito equilibrio entre ambas. A destacar el esfuerzo de Boira y Alcázar que tienen que mantener ese estadio agresivo, de animales en celo, durante toda la obra y lo hacen con gran solvencia, al igual que Acosta y Coll que elevan el grado de comicidad exponencialmente convirtiendo sus intervenciones en grandes momentos de la función. Debilidad por el ejercicio de la actriz canaria Toni Acosta porque construye a Mónica, como esa mujer que parece que no ha roto un plato pero no da puntada sin hilo mostrando una indiferencia casi repugnante desde el principio.

Todo ello envuelto en una escenografía que nos invita al típico apartamento sueco donde predomina la madera, sobre todo en sus paredes, con alguna pincelada “vintage”. La iluminación logra un buen cometido en momentos concretos, por ejemplo, cuando los actores se acercan al proscenio a realizar unos “monólogos” que nos acercan más a los personajes (aquí sobresale la intervención de Mónica).

Como bien comentaba Toni Acosta en una entrevista para un periódico de Tenerife “Placeres Íntimos” es porno de los sentimientos, es casi la obscenidad de los mismos, mostrando el lado, vamos a decir, menos bueno de las relaciones humanas. Desde luego que son cariños, apegos más bien enfermizos que nos plantean si resistir con un amor agónico o lanzarte a la aventura de uno nuevo (o quizás asumir la soledad como un renovado ciclo vital).

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