El encuentro de Boadella y Els Joglars

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Se daba la circunstancia que en un mismo fin de semana, dentro de la extensa programación de “Festival de Tenerife“, se encontraban Albert Boadella con “El sermón del bufón” en el Teatro Guimerá y por otro lado, la compañía que fundara él mismo en los años 60, “Els Joglars” en el Teatro Leal.

Lo que nos muestra Boadella en poco más de hora y media es un repaso a su vida en las tablas, siempre con ese punto irónico y mordaz que tanto le caracteriza, aludiendo de manera reiterada a las obras que realizó con “Els Joglars” apoyado con algunos videos y ofreciendo, como es habitual, una crítica a los poderes político, militar y eclesiástico. Desde luego más que una obra de teatro parece un ensayo narrado de manera portentosa, eso sí, jugando, como el mismo afirma, al “Albert” y al “Boadella”, el actor contra lo culto y reflexivo, pero que al final son uno mismo. Los guiños que hace al oficio teatral como arte que camina hacia una muerte súbita, por su carácter muchas veces de puro entretenimiento, que no va mas allá de la mera representación escénica, en alusión a la falta de crítica existente en el teatro español, fueron momentos destacados de su intervención, especialmente sobre otros más predecibles, como la imitación de Pujol. Sin duda, Boadella no es sólo historia del teatro diríamos que es Historia de España (y Cataluña) en mayúsculas y este “sermón” fue en repaso de ello.

A las dos funciones de “El sermón del Bufón” se sucedería el domingo la última obra de “Els Joglars”, titulada “Zenit“. Una crítica, más que sarcástica (en algunas ocasiones) a los medios de comunicación, ofreciendo una lección de puro teatro capitaneado por el gran Ramón Fontserè. Con el subtítulo “La realidad a su medida” la representación empieza con una genialidad que pone el listón muy alto, un repaso a la historia de la humanidad, con el mimo como herramienta, que acaba con la caída de las Torres Gemelas, una delicia perfectamente coreografiada a ritmo de Tchaikovsky. Fontserè interpreta a un actor casi “abducido” por la voracidad del periodismo actual, es un Quijote que a cuestas, con su Sancho particular (un becario) lucha contra el sensacionalismo que cabalga a sus anchas en la prensa. La manipulación de las noticias es el pan de cada día y hay que dar “carnaza” a ese público ávido de noticias. Si hay que convertir una foto inofensiva en una acción violenta se hace y si hay que modificar un video de unos “yihadistas” decapitando un rehén tampoco hay problema, hasta cambiamos las voces que es la hora de almorzar y puede ser muy desagradable, una escena que la compañía resuelve de manera sobresaliente.

Capitulo a parte destacan los actores, a Fontserè lo acompañan Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilá, Julián Ortega y Juan Pablo Mazorra, un equipo muy equilibrado que domina desde el mimo al circo, pasando por la danza. Realmente la puesta en escena (con una escenografía basada en una estructura de tres tarimas) se sustenta en una coreografía perfectamente ejecutada de principio a fin, visualmente es un espectáculo más que notable prueba de ello es que los mejores momentos de la obra destaca la resolución de las mismas a nivel “estético” y con ausencia de texto, ejemplo de ello también es la escena final donde la basura inunda las tablas del Leal, una metáfora muy evidente.

Para terminar, nos hubiera gustado que la misma respuesta que hubo el sábado con Boadella, la hubiera tenido el público el domingo en el Leal, que no lleno el teatro ante una de esas producciones que cada vez es más complicado ver en los teatros, esas que te llevan a una buena conversación después de la función.

 

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