Mamet y Sacristán o Sacristán y Mamet

 In Críticas

El evento teatral de la semana pasada se trasladaba al Paraninfo Universitario de La Laguna, un lugar que aunque tiene una actividad cultural continúa nos tiene poco acostumbrados a obras teatrales de gran calado. El artífice de este acontecimiento fue el Cabildo de Tenerife, a través del recién creado “Festival de Tenerife” y que en colaboración con la Universidad de La Laguna quiere retomar este espacio con programación de calidad (ya el año pasado habían claras intenciones con la actuación de la extraordinaria compañía “Ron Lalá”).

Esta vez le tocaba el turno a una obra que “Mardteatro” tenía muchas ganas de disfrutar. Habían dos razones y muy claras, se unían David Mamet (escritor y director de cine americano, ganador del Pulitzer, del que sentimos admiración y pleitesía infinitos) y Jose Sacristán, uno de los grandes de la escena española (tanto en el teatro, como en el cine y la televisión). “Muñeca de porcelana” es una obra que ya se había estrenado en Broadway, con Al Pacino como protagonista, y que fue “carnaza” de crítica, convirtiéndose en un fracaso, algo que en la versión española no ha ocurrido.

Mickey Ross (José Sacristán) es ese personaje creado con maestría por Mamet, el empresario millonario relacionado con la política, que alardea en cada minuto, seguro de sí mismo y del poder que tiene. Ahora tiene un nuevo “juguete”, la señorita Pearce, y como bien dice: “Ella está con él por su dinero”. Planea casarse con ella, retirarse del mundo de los “negocios”, y para celebrarlo le regala un avión. Pero ya sabemos que quién anda en este tipo de juegos, debe pagar un precio muy alto, y un incidente con el avión hará cambiar las intenciones de Ross.

Detrás de la obra se esconde un sobresaliente “soliloquio” de José Sacristán/Mickey Ross donde el teléfono se articula como instrumento para introducir diversos personajes, que aunque el espectador no les pone cara, si se hace una idea de quienes son, porque estamos acostumbrados a verlos en el cine o televisión (y como no, en la vida real). La señorita Pearce, el abogado, el gobernador, el empresario propietario del avión…aparecen en una trama llena de giros, con ritmo, que engancha al espectador, llegando por momentos a sentir simpatía por ese personaje corrupto y déspota que va dando lecciones de moral a su acólito, su asistente Carson. Para ello Sacristán nos ofrece una clase de interpretación, midiendo con justa eficacia los “diálogos” telefónicos dependiendo de su interlocutor (un tono más jocoso con su novia o más grave y agrio con su abogado, por poner un ejemplo) junto a gestos y movimientos que ayudan a que el compás de la obra no decaiga en las dos horas que dura este “thriller” estilo “Mamet”.

Por otro lado Carson, el asistente interpretado por Javier Godino, es un personaje que en principio puede parecer con pocas luces pero nos deparará alguna sorpresa, con sus silencios, por momentos alterado, obediente y siempre a la expectativa, tiene un notable protagonismo al final de la obra, con lo que Godino tiene que enfrentarse a un personaje que crece a medida que evoluciona la obra. Es el arquetipo de la nueva generación de corruptos millonarios y en eso el actor ha sabido medir bien la intensidad de los tiempos.

La escenografía aunque sencilla (solo en apariencia) me parece maravillosa. Emulando la oficina de Ross, esta esconde una serie de puertas que definen al personaje (el bar, el armario, la caja fuerte, los maletines) dando luz a la fría estancia de carácter minimalista. La luz esta tratada de manera eficaz, sobre todo en momentos clave como el final de la obra.

Sabemos que el asistente de Mamet vio la obra en Madrid y calificó de gran acierto esta versión de Bernabé Rico, dirigida con clara eficiencia por Juan Carlos Rubio pero sin duda es la excelente interpretación de Sacristán la que sostiene esta interesante obra de Mamet, maestro en la construcción de diálogos enmarañados y personajes inquietantes.

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